El sobrevalorado poder del activismo 2.0

Colombia pasó de pedir baldes de agua para la Guajira a tirarselos en la cabeza para apoyar la esclerosis lateral amiotrófica.

Al activismo 2.0 se le ha adjudicado más poder del que en realidad posee. Se dice que gracias a la implicación de los ciudadanos en las redes sociales, cayeron las dictaduras que llevaban decenas de años gobernando en estados árabes como Egipto. También que fueron estas plataformas digitales las que llevaron a Obama a ser el primer presidente afroamericano de Estados Unidos, o que la masificación de Internet nos está conduciendo a tener un mundo más implicado con problemas que antes eran inaccesibles.

Lo primero es falso. En Egipto, el presidente Hosni Mubarak dimitió después de que muchos ciudadanos murieran protestando en las calles y de que el gobierno estadounidense presionara su salida. Lo segundo, parcialmente cierto. En la campaña de Obama, las redes sociales fueron un importante motor, que ningún otro candidato supo explotar tan bien. Pero esto fue un complemento para los mítines, actos públicos y apariciones mediáticas que el ahora presidente empleó en su momento. Lo tercero, bastante cuestionable. No parece haber una implicación real con los problemas mundiales, sino una anexión momentánea que se expresa a través de tuits, likes o acciones que se vuelven virales.

Esto no quiere decir, sin embargo, que el ‘activismo digital’ sea inútil. En solo una semana hemos visto la revolución del #icebucketchallenge, en el que famosos se han echado hielo encima para solidarizarse con la esclerosis lateral amiotrófica (ALS). La campaña ha sido una de las más efectivas de los últimos meses. Con ella se buscaban dos cosas: conseguir dinero y crear conciencia. 31 millones de dólares recaudados y el hecho de que mientras se escribe este artículo la enfermedad sea el quinto término más buscado en google avalan su éxito.

Las claves de su efectividad son claras. Cuando los famosos ejecutan una acción graciosa, retándose entre sí, provocan una avalancha de imitación. Entonces, llaman la atención sobre el motivo de su acto y provocan la solidaridad de los demás usuarios. Pero esta solidaridad se da gracias al bajo nivel de compromiso de una campaña que se puede apoyar sin moverse de casa.

Si el fin exige una acción mayor, el fracaso está casi garantizado y el activismo 2.0 encuentra sus límites. Michelle Obama y Antonio Banderas son prueba de ello. Ambos personajes, tan dispares entre sí, se unieron junto con otras personalidades en la campaña #Bringbackourgirls, que pedía la liberación de 200 niñas secuestradas en Nigeria por el grupo extremista Boko Haram. Esta iniciativa se volvió viral en muy poco tiempo. Pero semanas después, pocos recuerdan que las niñas siguen raptadas y que ese hashtag no logró ser más que una efímera ola de solidaridad.

El activismo digital tiene un alcance corto. No parece capaz de provocar cambios estructurales, sino reacciones de coyuntura para apagar la ira y la indignación de la comunidad virtual. Por eso, el #Icebucketchallenge no busca presionar a los laboratorios para que desarrollen un medicamento para este tipo de esclerosis. Una meta demasiado ambiciosa con la que, evidentemente, la gente no se involucraría. Los creadores de esta campaña saben que todos estamos dispuestos a solidarizarnos con una causa, siempre y cuando sea manera simbólica o superficial. Por eso, han triunfado.

No han tenido éxito, en cambio, los movimientos que intentan ir más allá. Esa indignación que ha aflorado con la guerra en la franja de Gaza se ha quedado en anécdota. La solidaridad con la comunidad estudiantil venezolana se ha evaporado de la esfera digital. Y Colombia pasó de pedir baldes de agua para la Guajira a tirarselos en la cabeza para apoyar la esclerosis lateral amiotrófica.

Así de fugaz es la indignación y el compromiso digital. Un patrón de comportamiento que funciona tan bien como si estuviera calculado. Si el mundo es una olla de presión, Internet es la válvula de escape que evita una explosión repentina.

En estos tiempos optimistas es propio finalizar con una reflexión. Hace 40 años esta foto de una niña desnuda huyendo del napalm en Vietnam, provocó semejante movilización civil que el Gobierno de Estados Unidos tuvo que acelerar la retirada de sus tropas en ese país y finalizar la guerra… Si hubiera sido tomada hoy, seguramente, su mayor logro sería conseguir un gran número de likes en Facebook.

 

@rincondesantos

 

Artículos recomendados sobre este tema:

140 caracteres de compromiso – Diario El País

Activismo 2.0 sí cambia el mundo

Campaña “Likes don’t save lives” de la Unicef

“Donde están los piratas” – Otro tipo de activismo que ha funcionado en Europa. Blog de Daniel Afanador

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3 comentarios en “El sobrevalorado poder del activismo 2.0

  1. Yo no estoy muy a favor de seguir lo que otros hacen. Sin embargo creo que, aunque a veces son tonterías de alguna manera generan conciencia, porque no se trata de que todo el mundo se comprometa, se trata entre esas miles de personas que están movilizando un tema (así sea por aparentar, por presumir, por estar en “la moda”, por la razón que sea….) hay UNA a la que sí le importa y esa hace algo realmente importante por generar un cambio. Si por cada activismo de estos, se cambia la mentalidad de UNA persona, creo que vale 100% la pena.

    Sí, no se liberaron a las niñas, no se curará el ALS, pero a alguien, de toda esta gente que se moja y hace cosas raras en las redes sociales, le llegará el mensaje. ¿Quien quita que un niño (a) haya visto esto y se sienta motivado para ser doctor y que en un futuro sea el que cure el ALS? Siiii veo muchas películas, es verdad, pero creo en el cambio, tengo fe en que a alguien realmente le llegará el mensaje 🙂

    PD. Y no, no pienso mojarme, pero me encanta ver a la gente unida por algo y de corazón espero que de alguna manera entre todos, en algún momento, generemos un cambio significativo… Así sea que toque ir uno por uno 😉

  2. Buena radiografía crítica del activismo 2.0 aunque es bueno mostrar los temas positivos al respecto… los hay?

    fe de erratas para la exactitud, la fotografía de la niña en vietnam fue tomada hace 40 años, no setenta.

    • Gracias Dima. Tremenda errata la que metí: fue en los años 70, de ahí el error. Positivos creo que hay muchos. El Ice Bucket Challenge ya lleva, si mal no estoy, 80 millones de dólares recaudados. Es una excelente noticia. Y creo que el activismo 2.0 tiene efectos muy buenos, sobre todo en el sector privado o en casos particulares del público. Una cosa que no mencioné, por ejemplo, es que en la plataforma change.org, con 60 millones de usuarios activos, triunfan más o menos doce peticiones diarias. Ha habido situaciones en que la justicia frente a un caso se ha agilizado gracias a estos reclamos en plataformas digitales. Eso sí, siempre con el apoyo de medios de comunicación tradicionales que cada vez le prestan más atención al tema. Un saludo.

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