La ciudad que nos dejó la guerra

Mire este mapa. ¿Se le hace familiar? Puede usted ser un experto en geografía, pero seguramente no lo conoce. La razón es sencilla: este territorio en realidad no existe. Es el mapa de una tierra inventada, fruto de la fusión entre Medellín, Cali y Barranquilla. Tiene una superficie de mil kilómetros cuadrados y es el territorio necesario para albergar a todas las víctimas del conflicto armado colombiano.

Si este lugar existiera, sería la segunda ciudad más importante del país. Tendría  casi seis millones de habitantes, el número de víctimas de desplazamiento forzado en la historia del conflicto. Necesitaría también un cementerio. Uno grande, que pueda enterrar los restos de 218 mil personas que han sido asesinadas en los últimos sesenta años, la mayoría de ellas civiles.

Está demostrado el gusto de los colombianos por el fútbol. Por eso esta ciudad podría tener su propio equipo y no ruborizarse frente a las grandes hinchadas de la liga. Si todos los colombianos que han sido secuestrados fueran cada domingo a verlo jugar, el Víctimas F.C. sería el onceno con mayor promedio de asistencia del fútbol profesional: 27 mil, frente a los 19 mil de Millonarios, el más taquillero actualmente.

Sustráigase un momento de los números y piense ahora cómo sería vivir en esa ciudad. Salir a la calle y pisar con cuidado, porque el suelo está lleno de minas quiebrapatas. Viajar en un Transmilenio o un Metro abarrotado de caras tristes. Escucharle al señor del taxi que le arrebataron sus tierras, a la de la tienda que fue violada por un guerrillero o un paramilitar y al niño del parque que vio el asesinato de sus padres.

Ese es el verdadero mapa del conflicto armado colombiano. Una confrontación histórica que ha tenido unos costos humanitarios altísimos pero al mismo tiempo invisibles. La dispersión de las víctimas, su temor silencioso y el cansancio de una sociedad que desayuna y come con los hechos más atroces han logrado que se pierda la verdadera magnitud de una guerra que algunos todavía se atreven a calificar como viable.

Muchos colombianos que han tolerado seis décadas de balas, bombas y sangre, han perdido la paciencia en menos de dos años del proceso de paz. Apuestan todas sus fichas a la guerra, como si ignoraran que con sus afectados podríamos llenar una ciudad entera. Se refieren a las salidas no violentas del conflicto de manera despreciable y le dan un calificativo político excluyente: “Es la paz de los que votaron por Santos”, dicen.

Hablar de esa forma es sencillo. Quien nunca ha sufrido de manera directa la guerra, puede fácilmente despreciar un intento de paz. Está en su derecho. Pero también lo están aquellos que más la han llorado. Los casi seis millones que viven en esa ‘ciudad del dolor’, los que hace seis décadas fueron despojados de sus tierras por el estado, los que luego sufrieron los abusos de los grupos guerrilleros, los que murieron a causa de la respuesta paramilitar y los miles de civiles víctimas de un Ejército presionado por mostrar resultados.

Si la paciencia le alcanza a este país, podrá a frenar la constante construcción de esta ciudad ficticia en la que todas las partes han puesto ladrillos. Las víctimas tendrán su reparación y podrán exigir la verdad. Se parará la sangría y entonces no nos harán falta las calculadoras para contar los muertos, ni los cementerios para enterrarlos.

@rincondesantos

 

Las cifras de este artículo están sustentadas por el informe ¡Basta ya Colombia!

Jorge Santos

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3 comentarios en “La ciudad que nos dejó la guerra

  1. Parece el mapa de una Antioquia mutilada, pero recordemos que no es sólo una Antioquia mutilada, es nuestra Colombia adolorida, que con un grito de esperanza sacado desde el último rincón de sus sueños, para decirnos a todos que sembremos esa semilla de paz en nuestro corazón y en el corazón de cada ser humano , independiente de el credo que profesemos, del color de nuestra piel, para que algún día no muy lejano podamos saborear el elixir de la hermandad, la solidaridad y la verdadera libertad.

  2. Un panorama bastante desolador y triste, la verdad. Es cierto que la gente está cansada de esperar que las cosas cambien, que haya por fin una verdadera luz a todas esa sombras que aún nos persiguen. Lamentablemente no se ve un cambio real, o al menos duradero y eso solamente hace que la gente se canse más y más 😦

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